La Mirada Diversa
Seis años después: dos chicas trans siguen desaparecidas en Zapopan
Hay desapariciones que con el paso del tiempo dejan de ocupar los titulares, pero nunca dejan de doler. Hay familias para quienes seis años no significan seis años transcurridos, sino seis años de preguntas sin respuesta, de búsquedas, de audiencias, de falsas esperanzas y de una ausencia que permanece todos los días.
Hoy 18 de septiembre se cumplen seis años desde que Karla, Kenia y Jaime salieron a una fiesta en Zapopan y nunca regresaron a casa.
Su desaparición sacudió profundamente a la comunidad de la diversidad sexual en Jalisco y de México. No solamente por la gravedad de los hechos, sino también por la manera en que las propias instituciones encargadas de investigar el caso respondieron ante ellos.
Recuerdo aquellos primeros días. La Fiscalía de Personas Desaparecidas se negaba a publicar las fichas correspondientes a la Alerta Alba de las dos jóvenes trans. En una conferencia de prensa, el entonces fiscal incluso se refirió a ellas en masculino. El caso terminó mostrando algo mucho más profundo: cómo la discriminación y la violencia institucional pueden atravesar una investigación y afectar incluso la forma en que se busca a una persona desaparecida.
Ante esta situación, el caso fue llevado ante la Organización de las Naciones Unidas. Se convirtió en un caso emblemático por involucrar por primera vez a personas de la diversidad sexual en un contexto de desaparición forzada en México ante esta instancia internacional. La presión social y el acompañamiento de organizaciones como Unión Diversa de Jalisco A.C. e IDEAS contribuyeron a mantener el caso visible y a exigir que la Fiscalía realizara las diligencias correspondientes, incluidos cateos y otras acciones de investigación.
Seis años después, el caso ha tenido avances judiciales, pero todavía no la respuesta que las familias necesitan.
Janet Miroslava fue sentenciada a 100 años de prisión por su participación en los hechos. Sin embargo, la sentencia no permitió conocer el paradero de las víctimas.
También existe otro detenido, Marcelino ‘N’, conocido como ‘El Takechi’, señalado por su presunta responsabilidad en la desaparición de las jóvenes y quien actualmente enfrenta un proceso. De acuerdo con lo informado durante el proceso, habría reconocido su participación en los hechos, pero la información sobre el paradero de las víctimas continúa sin conocerse.
Durante estos seis años he visto cómo las familias de Karla, Kenia y Jaime se transformaron en madres y padres buscadores. Personas que nunca imaginaron tener que aprender sobre investigaciones, carpetas, audiencias, cateos o protocolos de búsqueda y que terminaron haciéndolo porque el amor por sus hijos e hijas las obligó a convertirse en defensoras incansables de sus propios casos.
Han acudido a manifestaciones, marchas, audiencias y búsquedas. Han recorrido lugares de día y de noche. Han recibido información falsa, han enfrentado intentos de extorsión y han tenido que soportar una violencia que muchas veces parece no terminar nunca.
Por eso, hoy quiero detenerme para reconocerles.
A quienes buscan a sus hijas e hijos cuando el resto de la sociedad ya ha pasado la página. A quienes siguen preguntando, insistiendo, tocando puertas y exigiendo respuestas. A quienes convierten el dolor en organización y la ausencia en una lucha permanente.
Su labor merece reconocimiento, pero sobre todo merece acompañamiento institucional.
Porque seis años después seguimos enfrentando una realidad preocupante: las familias de personas desaparecidas continúan denunciando obstáculos para acceder a las instituciones, falta de atención adecuada y ausencia de recursos suficientes para realizar búsquedas.
Y si esto ocurre con las familias, ¿qué podemos esperar de las personas desaparecidas que pertenecen además a poblaciones históricamente discriminadas?
La desaparición de una persona trans no puede investigarse desde prejuicios. Y ninguna familia debería tener que luchar contra la burocracia, la indiferencia o la discriminación mientras busca a un ser querido.
Tampoco podemos aceptar que las madres buscadoras tengan que conseguir por su cuenta herramientas tan básicas como palas, transporte, bolsas mortuorias, alimentos o equipo de protección para participar en una búsqueda. Ellas no deberían convertirse en investigadoras por necesidad ni cargar solas con una responsabilidad que corresponde al Estado.
El caso de Karla, Kenia y Jaime ocurrió hace seis años, pero las preguntas que deja siguen vigentes.
Recordar no significa quedarse en el pasado. Recordar también es exigir que estos casos no vuelvan a repetirse.
Hoy a seis años de la desaparición de Karla, Kenia y Jaime, debemos volver a nombrarles. Debemos recordar sus historias y mantener viva la exigencia de justicia.
Porque mientras no sepamos dónde están, la historia no está cerrada.
Y mientras sus familias sigan buscándoles, tampoco nosotras deberíamos dejar de hacerlo.
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“Soy licenciada en ciencias y técnicas de la comunicación , actualmente estoy cursando la licenciatura en criminología, investigación criminal y criminalística. Soy defensora de los derechos hu...
“Soy licenciada en ciencias y técnicas de la comunicación , actualmente estoy cursando la licenciatura en criminología, investigación criminal y criminalística. Soy defensora de los derechos humanos y activista desde hace 24 años, fundadora de la marcha del orgullo de Guadalajara y presidenta de la asociación civil Unión Diversa de Jalisco, desde donde he impulsado la agenda de diversidad sexual y los derechos de las mujeres."
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