Comunidad

Entre abandono y esperanza: historias reales

Francisco Obrayams Villalobos Ávila


Cuando la fe se encuentra con cuatro patitas

Francisco Obrayams Villalobos Ávila | Telediario Guadalajara
Francisco Obrayams Villalobos Ávila
Guadalajara, Jalisco

Hay lugares donde uno entra buscando a Dios… y termina encontrando también una razón para creer un poquito más en la humanidad.

Eso es lo que está pasando en la Parroquia San Juan Crisóstomo, donde el Padre Lolo ha entendido algo que parece sencillo, pero que puede cambiar muchas vidas: que la fe no solamente se celebra dentro de un templo, también se demuestra cuando abrimos las puertas para ayudar a quien más lo necesita.

Y entre esas vidas que esperan una oportunidad están ellos… los perritos que han conocido el abandono, el miedo, la indiferencia y, algunas veces, el dolor.

Desde el Refugio Buenos Chicos hemos aprendido que rescatar no termina cuando un perrito llega al refugio. Rescatar también significa encontrar personas dispuestas a cambiar su historia.

Por eso, cuando una parroquia decide caminar de la mano de un refugio, algo muy bonito sucede.

La Iglesia pone el corazón de su comunidad.

El refugio pone sus manos para seguir rescatando.

Y entre ambos aparece algo que ningún discurso puede explicar del todo: una segunda oportunidad.

El Padre Lolo y la comunidad de San Juan Crisóstomo han abierto un espacio que va mucho más allá de sus paredes. Han abierto una puerta para que la gente conozca, adopte, ayude y comprenda que cuidar la vida también es una forma de amar.

Porque tal vez un domingo alguien llegue al templo con una preocupación en el corazón… y al salir se encuentre con unos ojos que lo están esperando.

Unos ojos que no saben de religiones, de diferencias ni de palabras complicadas.

Solo saben reconocer cuando alguien se acerca con amor.

Y quizá ahí está el verdadero milagro.

En una familia que decide adoptar.

En una persona que decide donar.

En un niño que aprende a respetar.

En un perrito que, después de haberlo perdido todo, vuelve a dormir tranquilo.

Qué bonito sería que Iglesia y refugio caminaran cada vez más juntos.

Que nuestros templos también fueran puntos de encuentro para la solidaridad.

Que nuestras comunidades aprendieran que la compasión no tiene especie.

Y que cada perrito rescatado pudiera encontrar, finalmente, ese lugar que tanto tiempo estuvo esperando: un hogar.

Gracias, Padre Lolo, por abrir las puertas de San Juan Crisóstomo.

Porque algunas puertas se abren con una llave…

pero hay otras que se abren simplemente con amor. 

REFUGIO BUENOS CHICOS

Donde cada huella tiene una historia y cada historia merece un hogar.


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Francisco Obrayams Villalobos Ávila

Cuento con una licenciatura en Psicología con enfoque laboral. He dedicado 17 años de servicio a la Secretaría de Educación, donde durante 6 años trabajé en el área de conflictos del personal d...

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