Detrás de cada adopción, cada rescate, cada evento y cada historia que transforma vidas en Buenos Chicos, existe una persona que pocas veces busca los reflectores, pero cuya huella está en todo lo que hacemos.
Su nombre es Ixahu Ulloa.
Hablar de Ixahu es hablar de amor en su forma más pura.
Mientras muchos ven perros rescatados, ella ve almas que necesitan volver a creer. Mientras otros ven cicatrices, ella ve esperanza.
Es común encontrarla sentada en el suelo rodeada de perros, abrazándolos, hablándoles, jugando con ellos o simplemente acompañándolos. Porque para ella no son números, ni casos, ni estadísticas. Son familia.
Y ellos lo saben.
Los perros tienen una capacidad única para reconocer a las personas que los aman de verdad, y con Ixahu sucede algo extraordinario. Hemos sido testigos de rescates donde perros aterrados, heridos o desconfiados de todo se acercan a ella con una tranquilidad que parece imposible.
Como si entendieran que están a salvo.
Como si supieran que alguien llegó para cuidarlos.
Como si hubieran encontrado a mamá.
La labor de Ixahu Ulloa recuerda que el verdadero rescate no solo salva cuerpos, también sana corazones. | Francisco Obrayams
Entre las muchas historias que ha vivido dentro del refugio, existe una que ocupa un lugar muy especial en su corazón.
Esperanza.
Una pequeña que llegó después de sufrir una crueldad difícil de imaginar. Golpeada, lastimada y profundamente herida emocionalmente.
Esperanza no confiaba en nadie.
Nos rechazaba.
Nos mordía.
Le tenía miedo al mundo.
A todos… excepto a Ixahu.
Ella era la única persona a la que esperaba cada mañana. La única capaz de arrancarle una mirada de confianza, un movimiento de cola o un momento de felicidad.
Un día Ixahu no pudo asistir al refugio.
Luego otro.
Y Esperanza simplemente dejó de ser la misma.
No quería salir.
No quería comer.
No quería convivir.
Solo esperaba.
Esperaba escuchar la voz de la persona que más amaba.
Hasta que llegó el tercer día.
Cuando Ixahu cruzó la puerta del refugio, Esperanza la escuchó.
Y entonces ocurrió algo que jamás olvidaremos.
Corrió.
Saltó.
Bailó.
Celebró.
Como si el mundo volviera a estar completo.
Porque para ella, había regresado la persona que le enseñó nuevamente a confiar.
Hoy Esperanza ya no está físicamente con nosotros, pero sigue viviendo en cada recuerdo y en cada perro que encuentra una nueva oportunidad gracias al amor de personas como Ixahu.
Porque hay quienes ayudan animales.
Hay quienes los cuidan.
Y después están personas como ella, que les devuelven las ganas de vivir.
Ixahu, gracias por cada abrazo, cada lágrima, cada desvelo y cada acto de amor que entregas sin esperar nada a cambio.
Gracias por recordarnos todos los días que el verdadero rescate no solo salva cuerpos, también sana corazones.
Eres parte de nuestra familia. Eres parte de nuestra historia. Y siempre estaremos orgullosos de ti.
Con cariño, tu familia de Buenos Chicos.
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Francisco Obrayams Villalobos Ávila
Cuento con una licenciatura en Psicología con enfoque laboral. He dedicado 17 años de servicio a la Secretaría de Educación, donde durante 6 años trabajé en el área de conflictos del personal de apoyo en la Sección 47. Actualmente laboro en Telesecundarias, donde viajamos a distintas comunidades para apoyar en la formación de niñas y niños. Junto a mi familia dirijo el refugio “Buenos Chicos”, con más de 15 años de labor, albergando a cerca de 240 perritos. Hemos logrado dar en adopción a más de 3 mil peludos enfocándonos en rescatar casos de maltrato extremo, rehabilitarlos y brindarles la oportunidad de encontrar una familia que los ame.