Toy, el conejo que aprendió a volar

Francisco Obrayams Villalobos Ávila

Entre abandono y esperanza: historias reales

México /
Conoce la historia de Toy | Francisco Obrayams

Hay historias que comienzan con una puerta cerrada. Y otras que comienzan cuando alguien decide abrirla.

La historia de Toy comenzó una mañana cualquiera. Un pequeño perrito color miel fue encontrado en la calle por una persona que, al verlo vulnerable, decidió llevarlo al Refugio Buenos Chicos. Lo dejó afuera de la puerta y se marchó.

Quizá pensó que ahí encontraría ayuda.

Y tenía razón.

Cuando Fabiola Ávila lo vio, no dudó un segundo. Lo tomó entre sus brazos, le habló con cariño y comenzó una batalla que nadie imaginaba. Porque detrás de esos ojos llenos de esperanza se escondía una dura realidad: Toy padecía parvovirus y además tenía una lesión importante en su columna.

Su estado era delicado.

Los siguientes meses estuvieron llenos de incertidumbre, noches sin dormir, tratamientos, medicamentos y visitas constantes a la veterinaria. Durante tres largos meses, Toy luchó por mantenerse con vida.

Pero no luchó solo.

Mientras Toy permanecía hospitalizado, el Refugio Buenos Chicos organizó actividades para recaudar fondos: venta de velas, rifas, gelatinas, eventos y muchas otras iniciativas impulsadas por personas que, sin conocerlo, decidieron apostar por él.

Cada vela comprada.

Cada boleto de rifa.

Cada gelatina vendida.

Cada peso donado.

Se convirtió en una oportunidad más para que Toy siguiera respirando.

Y junto al esfuerzo del refugio apareció algo igual de importante: un médico veterinario comprometido que se negó a rendirse y peleó por la vida de aquel pequeño paciente que todos comenzaban a querer.

Poco a poco, Toy comenzó a mejorar.

Y entonces descubrieron algo que lo hacía único.

Cuando estaba feliz daba pequeños brincos y corría de una forma muy peculiar. Tanto que quienes lo conocían comenzaron a llamarlo cariñosamente:

“Toy, el Conejo”.

Hay historias que comienzan con una puerta cerrada. Y otras que comienzan cuando alguien decide abrirla.

La historia de Toy comenzó una mañana cualquiera. Un pequeño perrito color miel fue encontrado en la calle por una persona que, al verlo vulnerable, decidió llevarlo al Refugio Buenos Chicos. Lo dejó afuera de la puerta y se marchó.

Quizá pensó que ahí encontraría ayuda.

Y tenía razón.

Cuando Fabiola Ávila lo vio, no dudó un segundo. Lo tomó entre sus brazos, le habló con cariño y comenzó una batalla que nadie imaginaba. Porque detrás de esos ojos llenos de esperanza se escondía una dura realidad: Toy padecía parvovirus y además tenía una lesión importante en su columna.

Su estado era delicado.

Los siguientes meses estuvieron llenos de incertidumbre, noches sin dormir, tratamientos, medicamentos y visitas constantes a la veterinaria. Durante tres largos meses, Toy luchó por mantenerse con vida.

Pero no luchó solo.

Mientras Toy permanecía hospitalizado, el Refugio Buenos Chicos organizó actividades para recaudar fondos: venta de velas, rifas, gelatinas, eventos y muchas otras iniciativas impulsadas por personas que, sin conocerlo, decidieron apostar por él.

Cada vela comprada.

Cada boleto de rifa.

Cada gelatina vendida.

Cada peso donado.

Se convirtió en una oportunidad más para que Toy siguiera respirando.

Y junto al esfuerzo del refugio apareció algo igual de importante: un médico veterinario comprometido que se negó a rendirse y peleó por la vida de aquel pequeño paciente que todos comenzaban a querer.

Poco a poco, Toy comenzó a mejorar.

Y entonces descubrieron algo que lo hacía único.

Cuando estaba feliz daba pequeños brincos y corría de una forma muy peculiar. Tanto que quienes lo conocían comenzaron a llamarlo cariñosamente:

“Toy, el Conejo”.

Porque parecía más un conejito brincando de alegría que un perro que había estado al borde de la muerte.

Y así se convirtió en uno de los consentidos del refugio.

Siempre era el primero en recibir visitas.

El primero en acercarse a pedir cariño.

El primero en recordarles a todos que la felicidad puede sobrevivir incluso a las peores heridas.

Pero como sucede con las historias más hermosas, llegó el día que cambió su destino.

Una familia abrió su corazón.

Hoy Toy vive en la Ciudad de México junto a Erika Sánchez, quien decidió darle el hogar que tanto merecía. Ahí comparte aventuras con otro Buen Chico llamado Bolita, un compañero inseparable que llegó para convertirse en su hermano.

Las fotografías muestran lo que ninguna estadística puede explicar: camas cómodas, juegos, abrazos, amigos y una vida llena de amor.

La vida que alguna vez le fue negada.

Desde la distancia, Toy sigue enviando mensajes a sus amigos del refugio. A ese compañero travieso que parece un pequeño pirata y cuya mamá dentista lo adora profundamente. A la dulce Abril, que está completamente convencida de que es una mariposa y nadie ha tenido el corazón para decirle lo contrario.

Porque quienes han sido rescatados nunca olvidan de dónde vienen.

Y Toy tampoco.

Si pudiera hablar hoy, probablemente diría:

"Gracias por no rendirse conmigo. Gracias por cada peso, cada oración, cada compra en una venta con causa y cada gesto de apoyo. Gracias por demostrar que una vida sí puede cambiar cuando una comunidad decide ayudar."

Porque la historia de Toy no es solamente la historia de un perro.

Es la historia de lo que ocurre cuando la compasión se convierte en acción.

Es la prueba de que detrás de cada rescate existe una red de personas extraordinarias que hacen posible lo imposible.

Y es también un recordatorio de que, mientras Toy hoy duerme seguro en un hogar, aún quedan muchos amigos esperando una oportunidad.

No los dejemos solos.

Porque en Refugio Buenos Chicos A.C. no rescatamos perros.

Rescatamos historias.

Y algunas, como la de Toy, terminan enseñándonos que incluso un pequeño conejo puede encontrar la forma de volar.


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  • Francisco Obrayams Villalobos Ávila
  • Cuento con una licenciatura en Psicología con enfoque laboral. He dedicado 17 años de servicio a la Secretaría de Educación, donde durante 6 años trabajé en el área de conflictos del personal de apoyo en la Sección 47. Actualmente laboro en Telesecundarias, donde viajamos a distintas comunidades para apoyar en la formación de niñas y niños. Junto a mi familia dirijo el refugio “Buenos Chicos”, con más de 15 años de labor, albergando a cerca de 240 perritos. Hemos logrado dar en adopción a más de 3 mil peludos enfocándonos en rescatar casos de maltrato extremo, rehabilitarlos y brindarles la oportunidad de encontrar una familia que los ame.
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