Comunidad

Entre abandono y esperanza: historias reales

Francisco Obrayams Villalobos Ávila


Carlitos no pedía comida… pedía auxilio

Francisco Obrayams Villalobos Ávila | Telediario Guadalajara
Francisco Obrayams Villalobos Ávila
Guadalajara, Jalisco

Hay historias que no se escriben con tinta, se escriben con lágrimas. Hay miradas que dicen cosas que las palabras jamás podrían explicar. Y hay perros que, después de conocer el dolor de la mano humana, todavía tienen la capacidad de volver a confiar.

Hoy quiero contarles la historia de Carlitos.

El Refugio Buenos Chicos no pudo ser indiferente. Fuimos hasta Ixtlahuacán de los Membrillos por un perro que estaba siendo golpeado y maltratado. Un perro que, como tantos otros, no podía defenderse, no podía pedir ayuda y mucho menos podía entender por qué aquella mano que debería haberlo protegido era precisamente la que le hacía daño.

Cuando llegamos por él, Carlitos no sabía que su vida estaba a punto de cambiar.

Quizá para nosotros fue simplemente un traslado. Subirlo a un vehículo, llevarlo con nosotros y ponerlo a salvo. Pero para Carlitos significó muchísimo más: significó dejar atrás el miedo.

Porque rescatar a un perro no es solamente sacarlo de un lugar donde sufre.

Rescatar es decirle: “Ya no estás solo”.

Es ofrecerle una cama después de haber dormido con miedo. Es darle comida sin que tenga que pelear por ella. Es acercar una mano sin lastimarlo. Es hablarle bonito hasta que, poco a poco, vuelva a creer que los humanos también podemos ser buenos.

Carlitos llegó con una historia que nosotros no conocemos completa. Él no puede decirnos cuántas veces tuvo miedo, cuántas veces esperó que alguien lo ayudara o cuánto tiempo tuvo que soportar aquello.

Pero hay algo que sí sabemos.

Carlitos sobrevivió.

Y hoy está con nosotros.

Tal vez todavía le cueste confiar. Tal vez necesite tiempo para entender que esas manos ya no vienen a golpearlo, sino a acariciarlo. Tal vez su corazón necesite un poquito más de paciencia para volver a sentirse seguro.

Y está bien.

Porque ahora tiene tiempo.

Tiene un refugio.

Tiene personas que van a cuidarlo.

Y, sobre todo, tiene una segunda oportunidad.

A veces pensamos que salvar a un animal significa hacer algo extraordinario. Pero muchas veces comienza con algo mucho más sencillo: no ser indiferentes.

Porque cuando vemos a un animal sufrir y decidimos mirar hacia otro lado, su dolor no desaparece.

Carlitos necesitaba que alguien se detuviera.

Y nosotros decidimos hacerlo.

Hoy Carlitos está a salvo. Hoy duerme sabiendo que nadie llegará para lastimarlo. Hoy puede comenzar a descubrir que una caricia también puede significar amor y que una voz humana también puede decirle algo muy diferente a un grito.

Su historia apenas comienza.

Y quizá algún día, cuando Carlitos mire hacia atrás, no recordará solamente el lugar donde sufrió.

Recordará también el día en que alguien llegó por él y le dijo, sin necesidad de palabras:

"Vámonos, Carlitos. Ya no tienes que vivir así".


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Francisco Obrayams Villalobos Ávila

Cuento con una licenciatura en Psicología con enfoque laboral. He dedicado 17 años de servicio a la Secretaría de Educación, donde durante 6 años trabajé en el área de conflictos del personal d...

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