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Entre abandono y esperanza: historias reales

Francisco Obrayams Villalobos Ávila


Si el mundo nos separa… Yo te buscaré

Cachorros pequeños abrazándose y comparten una camita | Francisco Obrayams Villalobos Ávila
Francisco Obrayams Villalobos Ávila
Guadalajara, Jalisco

Hay historias de amor que comienzan con una mirada.

Otras, con una casualidad. Y algunas, quizá las más bonitas, comienzan simplemente con alguien que decide quedarse.

Hace unos días observé una escena que, para muchos, podría parecer insignificante: unos pequeños cachorros dormían juntos, compartiendo una cama que apenas parecía suficiente para todos. Uno de ellos permanecía abrazado a su compañera, como si quisiera protegerla del mundo entero.

Y entonces imaginé una historia.

Imaginé que ella tenía miedo.

Miedo de despertar un día y descubrir que ya no estaban juntos. Miedo de que el destino, ese que tantas veces decide por nosotros, los llevara por caminos diferentes.

¿Qué pasará si algún día nos separan?, preguntó ella.

Él no respondió inmediatamente.

Se acercó un poco más.

Como si quisiera asegurarse de que ella sintiera su presencia.

Y entonces, sin necesidad de grandes promesas, le dijo:

Si el mundo nos separa… yo te buscaré.

Quizá esa frase podría formar parte de una historia como Romeo y Julieta. Una promesa de amor capaz de enfrentarse al destino.

Pero, en realidad, no necesitamos vivir una historia trágica para entender lo importante que es tener a alguien a nuestro lado.

Porque amar no significa únicamente compartir los momentos felices.

Amar también es quedarse cuando la otra persona tiene miedo.

Es acompañarla cuando no encuentra respuestas.

Es sentarse a su lado cuando no sabemos qué decir.

Es decir: “No puedo resolver todos tus problemas, pero no tienes que enfrentarlos solo.”

Vivimos rodeados de personas y, aun así, muchas veces nos sentimos solos.

Nos acostumbramos a relaciones rápidas, a despedidas silenciosas y a promesas que duran solamente mientras todo está bien. Pero el verdadero valor de una relación se descubre cuando llegan los días difíciles.

Ahí es cuando sabemos quién realmente está.

Quien pregunta "¿cómo estás?" y espera escuchar la respuesta.

Quien permanece.

Quien te sostiene.

Quien, incluso sin tener las palabras correctas, encuentra la manera de decirte: “Aquí estoy.”

Quizá por eso aquella imagen de los pequeños cachorros me hizo pensar tanto.

Porque ellos no conocen nuestras complicadas ideas sobre el amor. No hacen contratos, no exigen explicaciones y tampoco prometen imposibles.

Simplemente se acompañan.

Y tal vez esa sea una de las formas más sinceras de querer a alguien.

No prometer que nunca habrá problemas.

No asegurar que jamás existirá distancia.

Si no tener la valentía de decir:

“Pase lo que pase, mientras pueda, caminaré contigo.”

Porque todos necesitamos a alguien así.

Alguien que, cuando el mundo parezca demasiado grande, nos recuerde que no tenemos que recorrerlo solos.

Alguien que no necesariamente tenga las respuestas, pero que esté dispuesto a sentarse a nuestro lado mientras encontramos el camino.

Y quizá eso sea el amor en su forma más sencilla y más poderosa.

No se trata de grandes discursos.

Se trata de presencia.

De apoyo.

De compañía.

De abrazar a alguien cuando tiene miedo y hacerle saber que, aunque el destino cambie nuestros caminos, siempre habrá un lugar al cual regresar.

Porque hay personas que llegan a nuestra vida para quedarse.

Y otras que, aunque la vida las aleje, permanecen en nosotros de una manera tan profunda que seguimos buscándolas en cada recuerdo.

Por eso, después de observar aquella pequeña escena, imaginé nuevamente aquella promesa:

¿Y si el mundo nos separa?

Y la respuesta llegó como llegan las promesas que nacen del corazón:

Entonces no tengas miedo… Si el mundo nos separa, yo te buscaré.


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Francisco Obrayams Villalobos Ávila

Cuento con una licenciatura en Psicología con enfoque laboral. He dedicado 17 años de servicio a la Secretaría de Educación, donde durante 6 años trabajé en el área de conflictos del personal d...

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