Entre huellas y recuerdos: el amor de Uriel y Toñita nunca se va

Francisco Obrayams Villalobos Ávila

Entre abandono y esperanza: historias reales

México /

Hay amores que no entienden de palabras, pero lo dicen todo con una mirada. Amores que no prometen eternidad… pero la cumplen en cada instante, incluso cuando ya no están.

Toñita no fue solo una perrita. Fue ese abrazo silencioso en los días más difíciles, esa compañía que no juzga, que no exige, que simplemente se queda. Fue amor en su forma más pura. Y en su historia… encontró a Uriel.

Uriel llegó al refugio Buenos Chicos desde un lugar donde la vida parecía haberse rendido.

Todo comenzó con un llanto.

Un sonido débil, casi apagado, que unos niños decidieron no ignorar. Tocaron puertas, pidieron ayuda… y alguien escuchó. Mario y Aron salieron sin pensarlo, guiados por algo más fuerte que el cansancio: la urgencia de salvar una vida.

El sol caía sin piedad. El calor quemaba. Pero siguieron buscando. 

Hasta que lo encontraron.

Uriel estaba enterrado en forma de 'L', atrapado entre basura, muebles y una maleta. No fue un accidente. Alguien lo había dejado ahí… para morir. Sin salida. Sin aire. Sin esperanza.

Aron gritó: “¡Aquí está!”. Y en ese momento, todo se detuvo.

Con desesperación comenzaron a quitar lo que lo cubría. Cada objeto era una barrera entre la vida y la muerte. Hasta que por fin lo liberaron.

Uriel salió… temblando, asustado, débil. Pero no huyó.

Se dejó cargar. Como si, en medio de tanto dolor, todavía creyera en el amor.

Pero el daño ya estaba hecho. La falta de oxígeno dejó secuelas neurológicas irreversibles. Su caminar cambió. Su cuerpo quedó marcado para siempre. Pero no su corazón. 

Uriel siguió adelante. Recibiendo a cada voluntario con una alegría que no tenía explicación. Moviendo la cola, regalando cariño… como si nunca hubiera conocido la crueldad.

Y entonces llegó ella; Toñita.

Pequeña, serena, con una historia igual de triste. Fue encontrada en el suelo, sin moverse, como si hubiera decidido rendirse. Como si el mundo ya no valiera la pena.

Hasta que lo conoció. Se miraron… y algo pasó.

No necesitaron tiempo. No necesitaron palabras. Se eligieron.

Desde ese momento, fueron inseparables.

Compartían la comida como si fuera un ritual, dormían juntos como si el mundo afuera no existiera. Caminaban a su propio ritmo, sin prisa, sin exigencias… solo acompañándose.

Como diría un viejo refrán: “El amor no necesita ser perfecto, solo verdadero.”

Toñita no era activa. Le gustaba el sol, la calma, la tranquilidad. Pero con Uriel jugaba. Porque el amor también es eso: aprender el ritmo del otro, encontrarse en lo simple.

Juntos se sanaban.



Juntos demostraban que incluso después del abandono… se puede volver a amar.

Pero el amor verdadero también conoce la despedida.

La semana pasada, Toñita partió.

Y desde entonces… Uriel no es el mismo.

Se quedó en la cama donde compartían sus días. En ese espacio que aún guarda su aroma, su calor, su ausencia. No quiere comer. No quiere moverse. No quiere irse.

La está esperando. Porque cuando se ama así… no existen despedidas fáciles.

Hoy Uriel está en duelo. Y en su tristeza hay una verdad que duele: los animales aman sin condiciones, sin reservas, sin miedo… ¿por qué nosotros no?

¿Por qué seguimos fallando en lo más simple?

¿Por qué lastimamos a quienes solo saben amar?

Tal vez no se trata de entenderlos… sino de aprender de ellos.

Aprender a quedarnos. A cuidar. A no abandonar.

Uriel encontró en Toñita una razón para volver a vivir. Y aunque hoy su corazón esté roto, su historia sigue siendo un recordatorio de que el amor no desaparece… se transforma.



Se vuelve recuerdo.


Se vuelve huella.

Se vuelve eterno.



Hoy más que nunca, solicitamos su ayuda.

Uriel y muchos más siguen esperando una caricia, una oportunidad, una nueva historia.

El refugio “Buenos Chicos” abre sus puertas a quienes quieran amar de verdad.

Porque el amor más puro no se explica… se siente.



No cambiemos la historia con palabras… cambiémosla con actos.

Porque algunos amores no tienen voz, pero gritan en el silencio.

Uriel aún está esperando a alguien que no lo vuelva a dejar.

Y quizá, cuando aprendamos a escuchar ese silencio… también aprendamos lo que realmente significa amar.


  • Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de TELEDIARIO; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
  • Francisco Obrayams Villalobos Ávila
  • Cuento con una licenciatura en Psicología con enfoque laboral. He dedicado 17 años de servicio a la Secretaría de Educación, donde durante 6 años trabajé en el área de conflictos del personal de apoyo en la Sección 47. Actualmente laboro en Telesecundarias, donde viajamos a distintas comunidades para apoyar en la formación de niñas y niños. Junto a mi familia dirijo el refugio “Buenos Chicos”, con más de 15 años de labor, albergando a cerca de 240 perritos. Hemos logrado dar en adopción a más de 3 mil peludos enfocándonos en rescatar casos de maltrato extremo, rehabilitarlos y brindarles la oportunidad de encontrar una familia que los ame.
LOS EDITORES RECOMIENDAN