El Apunte de Sagaón
Prohibir los celulares en las escuelas ¿Y cuando nuestros hijos llegan a casa, qué hacemos?
A partir del 3 de noviembre, en las escuelas de educación básica de México se restringirá el uso de celulares durante la jornada escolar, incluido el recreo, con algunas excepciones.
¿Y por qué se tomó esta medida? Porque los propios maestros están viendo sus efectos en las aulas.
En una consulta nacional a más de 565 mil docentes, el 81% apoyó establecer reglas para el uso de estos dispositivos. Además, el 48% señaló que el celular dificulta mantener la atención y el 38% dijo que interrumpe las actividades escolares.
Y según PISA, una evaluación internacional de la OCDE, el 37% de los estudiantes mexicanos reportó que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos digitales durante las clases de ciencias.
Pero aquí viene la parte que nos corresponde como padres.
Porque la escuela puede guardar el celular durante seis horas… ¿y después qué hacemos?
¿Qué pasa cuando nuestros hijos llegan a casa y lo primero que hacemos es devolverles la pantalla?
Tenemos que hacernos una pregunta incómoda: ¿les damos el celular porque realmente lo necesitan… o porque no sabemos qué hacer con ellos durante ese tiempo?
El celular puede convertirse en una especie de niñera electrónica. Mientras los niños están entretenidos, nosotros resolvemos pendientes o conseguimos unos minutos de tranquilidad.
Y sí, todos necesitamos esos minutos.
Pero cuando la pantalla ocupa gran parte de su tiempo libre, ¿qué queda fuera?
El juego, la lectura, la conversación, el movimiento y la imaginación.
Un niño necesita correr, inventar juegos, escuchar historias, conversar, equivocarse y hasta aburrirse. Porque también así aprende a pensar, a crear y a descubrir qué le gusta.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
No basta con quitarles el celular. Tenemos que ofrecer alternativas: deporte, libros, música, juegos de mesa, salir al parque o, sencillamente, compartir tiempo con ellos.
No se trata de decir que la tecnología es mala. Se trata de que tenga un lugar en su vida, sin ocupar toda su vida.
La escuela puede empezar el cambio, pero la familia tiene que continuarlo.
Porque tal vez el verdadero reto no sea enseñarles a nuestros hijos a estar unas horas sin celular… sino aprender nosotros a estar más presentes cuando la pantalla ya no esté.
Comunicóloga y activista. Fundadora de Finanzas para la Mujer, iniciativa que promueve el empoderamiento económico femenino a través de planeación y conocimiento financiero.
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