Política

El Apunte de Vieyra

José Vieyra


¿Cuándo perdimos el derecho a no hacer nada? La trampa de la autoexplotación y el valor del ocio

El ocio era una práctica bien vista hace años. | ChatGPT
José Vieyra
Monterrey, Nuevo León

¿Cuándo fue la última vez que te permitiste estar solo con tus pensamientos y no buscar huir de ellos

¿Recuerdas cuándo experimentaste un momento de silencio real, en donde no hubiese pantallas, música de fondo o la urgencia de estar entretenido

Quizá en esa ocasión se te juzgó de ocioso, o te reprocharon por no estar haciendo algo de provecho. 

Del silencio al trabajo: la pérdida del tiempo libre

Cada día resulta más difícil encontrar tiempo para actividades no útiles y es que siempre se nos incita a estar generando, produciendo y emprendiendo con miras a crear mayores ingresos.

Pero esto no siempre fue así, en la antigüedad, se pensaba que los trabajos físicos que modificaban la naturaleza y producían mercancías eran de orden inferior a los intelectuales.

Por tanto, el verdadero hombre libre era aquel que podía dedicarse a pensar y llevar una vida contemplativa, es decir, una vida que permitiese lo que hoy entendemos por introspección o reflexión, una vida alejada del bullicio, del comercio, las herramientas y todo aquello que incita a la modificación del mundo exterior y no del interior.

En ese contexto, el ocio no se consideraba un vicio, sino una actividad que permite el estudio de la naturaleza humana, el ejercicio de nuestras más altas capacidades, el intelecto se ejercita aún más cuando es libre de la utilidad del mundo material. 

Del "otium" al negocio: el origen etimológico que olvidamos

¿Te has puesto a pensar en que la palabra negocio está ligada con el ocio? De hecho, su etimología, o sea, el origen de la palabra negocio, es precisamente la negación del ocio, necotium.

Para los antiguos romanos, tener que trabajar o comerciar era justamente la interrupción del ocio, pero por necesidad.

Actualmente, nos encontramos en un momento muy distinto, no solo la sociedad nos impone trabajar y producir, incluso nuestro tiempo libre, sino que nosotros mismos nos sentimos obligados a realizar únicamente actividades de provecho, útiles y transformadoras del mundo.

Nos perseguimos a nosotros mismos y nos culpamos por tener ocio, ahora nos autoexplotamos y nos sentimos mal si no rendimos lo suficiente. 

En una sociedad cansada, quizá la recuperación del ocio nos permita volver a ese estado de libertad creativa y emancipadora. 

¿No te parece? Te invito a pensarlo.


noticia escrita por
José Vieyra

Filósofo y psicólogo clínico. Catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Facultad de Medicina de la UANL. Miembro de la Comunidad Filosófica Monterrey. Psicoterapeuta particular.

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