¡Ahí les voy!
El pantano del presupuesto
Quien gobierna lo hace para manejar el presupuesto. Parece una obviedad, pero el dinero público tiene caminos tan enredados que, cuando llega la hora de discutir las aportaciones federales, más de uno termina caminando sobre lodo.
Y el pantano se vuelve más espeso cuando se trata de entidades que no son gobernadas por el partido que tiene el poder federal.
No debería ser así.
Las aportaciones federales no son un regalo del gobierno de la República a los estados. Son recursos previstos en el Presupuesto de Egresos de la Federación y forman parte de un sistema para distribuir dinero a entidades y municipios para educación, salud, infraestructura y otros servicios. Para 2026, el Ramo 33 contempla más de un billón de pesos.
El dinero no debería depender de simpatías políticas, sino de reglas y necesidades.
Pero en la política mexicana existe una pregunta incómoda: ¿hasta dónde llega la técnica y dónde empieza la negociación?
Porque una cosa es discutir cuánto corresponde a cada estado y otra distinta convertir el presupuesto en una herramienta de presión.
Jalisco conoce perfectamente este terreno. Cuando hay diferencias, el debate puede convertirse rápidamente en pleito político.
Y mientras los políticos se avientan la bolita, el ciudadano sigue pagando impuestos y esperando resultados.
El presupuesto no es propiedad de quien gobierna. Es dinero público. Es dinero de todos.
Por eso las discusiones sobre participaciones y aportaciones deberían tener una característica elemental: transparencia.
Que se diga cuánto corresponde, con qué fórmula se calcula, cuándo se entrega y por qué se modifica. Sin amenazas, sin premios, sin castigos y sin utilizar el federalismo como moneda de cambio.
Porque si una entidad gobierna distinto al color político de Palacio Nacional, no puede convertirse en una especie de hijo incómodo al que hay que hacerle más difícil la vida.
Aquí no se trata de defender colores. Se trata de defender reglas.
El entramado funciona cuando la Federación y los estados cumplen con sus obligaciones, incluso cuando no piensan igual.
Más cuando hay un desastre y hay que sacar de donde no hay.
Y en un pantano, mientras los políticos discuten quién tiene la culpa, los ciudadanos son los que terminan con el agua hasta el cuello.
Periodista desde 1978, actualmente conductor de Telediario Guadalajara
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