"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”
Augusto Monterroso escribió apenas siete palabras y dejó uno de los relatos más célebres de la literatura. Cada quien le encuentra un significado distinto. Yo encontré uno mientras Guadalajara despertaba de la euforia mundialista.
Y entonces regresó la realidad.
Porque los baches nunca se fueron. La movilidad volvió a colapsar. El transporte público siguió siendo insuficiente. La contaminación regresó a instalarse sobre la ciudad. La inseguridad jamás pidió una pausa para que rodara el balón. Campeones mundiales de agua sucia.
Pero el dinosaurio es mucho más grande.
Ahí siguen las madres buscadoras recorriendo cerros y predios porque el sistema sigue sin encontrar a sus hijos. Ahí continúan las fosas clandestinas que avergüenzan.
Ahí permanecen los asesinatos que dejaron de sorprendernos porque la violencia corre el riesgo de convertirse en paisaje. Ahí continúa la politiquería que convierte cada problema en una disputa de culpas y cada solución en propaganda.
Nada de eso desapareció porque hubiera Mundial.
No cuestiono el éxito del evento. Al contrario. Guadalajara cumplió y los ciudadanos estuvieron a la altura. La derrama económica llegó, la promoción internacional también y miles de personas hicieron un trabajo extraordinario.
Lo que cuestiono es la tentación de los gobiernos de enamorarse más de los reflectores que de los resultados.
Durante semanas quedó demostrado que cuando existe voluntad política las cosas pueden hacerse rápido y bien. Entonces surge una pregunta inevitable: ¿por qué esa voluntad aparece cuando hay cámaras de todo el mundo, pero desaparece cuando sólo quedan los ciudadanos?
Un Mundial dura unas semanas.
Gobernar dura todos los días.
La verdadera prueba nunca fue recibir a la FIFA. La verdadera prueba es ofrecer esa misma dignidad a quienes vivimos aquí siempre. A quienes esperamos seguridad, justicia, transporte, oportunidades y respuestas.
Como la selección, vivimos de resultados.
Y mientras esos resultados no lleguen, el viejo cuento de Monterroso de 1959 seguirá escribiéndose todos los días en Guadalajara.
Los ciudadanos nos quedamos.
Y cuando despertamos, el dinosaurio sigue aquí.
La diferencia es que ya no podemos fingir que no lo vemos.
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Leonardo Schwebel
Periodista desde 1978, actualmente conductor de Telediario Guadalajara, Jefe de Información Multimedios Guadalajara