Hoy parece más fácil ser reclutado por un grupo criminal que por un equipo de futbol. Y cuando esa frase deja de ser una exageración para convertirse en una posibilidad cotidiana, el verdadero partido que estamos perdiendo no se juega en una cancha, sino en las calles y los hogares de nuestro estado.
Hay otra realidad que nunca desapareció: la de las familias que siguen buscando a un hijo, una hija, un hermano o un padre.
Las imágenes que recorrieron el planeta mostraban una metrópoli moderna. Pero mientras el balón rodaba y las cámaras enfocaban la fiesta, continuaron recorriendo brechas, barrancas y terrenos baldíos con una pala, una varilla y una esperanza que se niega a morir.
No buscan levantar una copa. Buscan una llamada, una pista, un abrazo o, al menos, una respuesta que termine con una incertidumbre insoportable.
En demasiadas colonias y comunidades, el crimen organizado ofrece dinero, identidad y una falsa sensación de pertenencia antes de que lleguen las oportunidades de estudio, deporte o trabajo. El verdadero fracaso de una sociedad no es quedar eliminada de un Mundial; es permitir que sus jóvenes encuentren más puertas abiertas en la delincuencia que en la legalidad.
Jalisco sigue encabezando las cifras de personas desaparecidas. Detrás de cada ficha de búsqueda hay una familia rota, una silla vacía y una madre que se niega a rendirse.
Lo más preocupante es que también nosotros parecemos acostumbrarnos. Una ficha sustituye a otra, un hallazgo reemplaza al anterior y la indignación dura apenas unas horas.
El Mundial demostró que, cuando existe voluntad política, recursos y coordinación, es posible transformar una ciudad en tiempo récord. La pregunta es, por qué esa misma capacidad no logra impedir que sigan desapareciendo jóvenes ni ofrecer respuestas a quienes llevan años buscándolos.
Lo que sí recordará la historia es si fuimos capaces de impedir que una generación completa fuera reclutada por el crimen, desaparecida en el silencio o abandonada por la indiferencia.
Los campeonatos llenan vitrinas; la justicia salva vidas. Y mientras en Jalisco siga siendo más fácil reclutar jóvenes para delinquir que para cumplir sus sueños, ninguna fiesta mundialista podrá llamarse verdadero éxito.
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Leonardo Schwebel
Periodista desde 1978, actualmente conductor de Telediario Guadalajara, Jefe de Información Multimedios Guadalajara