Tlajomulco: el epicentro de la violencia

Leonardo Schwebel

¡Ahí les voy!

México /

Hay una explicación política que en México sirve para casi todo: culpar al de atrás. Si la inseguridad empeora, la herencia. Si las calles colapsan, la herencia. Si los servicios fallan, la herencia. 

El problema es que en Tlajomulco esa salida ya no funciona. Desde 2010 el mismo grupo político gobierna el municipio. Son 16 años continuos de administración bajo una misma fuerza, suficientes para construir una identidad de gobierno, presumir avances, reclamar logros y también asumir costos. 

Después de tanto tiempo, ya no hay pasado que alcance para justificar el presente. Y el presente tiene cifras y hechos difíciles de esconder. Tlajomulco se convirtió durante años en una referencia obligada cuando se habla de violencia en Jalisco. 

Llegó a concentrar cerca del 45% de las fosas clandestinas localizadas en el estado y se ubicó entre los primeros lugares en desapariciones. A ello se suman hallazgos constantes de restos humanos y casos que colocaron al municipio en titulares nacionales e internacionales.  

Jalisco, además, encabeza la tragedia nacional de personas desaparecidas, con más de 15 mil casos acumulados. Y buena parte de esa historia dolorosa pasa inevitablemente por Tlajomulco. 

Pero el problema no es únicamente la violencia criminal. También existe una violencia urbana menos espectacular pero igual de cruel: la de obligar a miles de personas a pasar horas atrapadas para llegar a su trabajo o regresar a casa. Durante años se autorizó un crecimiento inmobiliario acelerado. 

Fraccionamientos por todas partes, viviendas levantadas a gran velocidad, desarrollo horizontal sin planeación suficiente y una movilidad que nunca creció al mismo ritmo.

El resultado está a la vista: caminos saturados, avenidas convertidas en estacionamientos permanentes y ciudadanos ahorcados diariamente entre el tráfico y la distancia.

Y ahí aparece la pregunta incómoda. ¿Cómo un municipio que se vendió durante años como ejemplo de crecimiento terminó siendo símbolo simultáneo de expansión desordenada y violencia?

Porque crecer no necesariamente es desarrollarse. Construir casas no significa construir comunidad. Y gobernar durante 16 años seguidos también significa algo muy simple: ya no existe nadie atrás para echarle la culpa. 



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  • Leonardo Schwebel
  • Periodista desde 1978, actualmente conductor de Telediario Guadalajara, Jefe de Información Multimedios Guadalajara
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