Durante el Mundial pasa algo que no tiene equivalente en la vida cotidiana: nos sentimos parte de algo mucho más grande que nos permite alejarnos de la sensación de soledad e individualidad habitual. En esta época, diferentes personas que no se conocen, que viven realidades muy diferentes, e incluso que piensan extremadamente diferente, se abrazan frente a un gol, sufren de la misma manera ante la derrota y hasta celebran una victoria como si formaran parte de una misma familia. Hay una emocionalidad colectiva que nos hermana porque ahora todos nos encontramos alentando a la misma Selección.
La psicología de masas lleva décadas estudiando esto: los grandes eventos colectivos despiertan emociones compartidas que fortalecen vínculos, incluso cuando esos vínculos son transitorios. No se trata solo de fútbol. Se trata de sentido de pertenencia.
En tiempos donde muchas personas experimentan aislamiento, hiperindividualismo o vínculos cada vez más fragmentados, el Mundial ofrece una experiencia poco frecuente, y totalmente necesaria: Nos permite sentirnos acompañados emocionalmente por millones de personas al mismo tiempo, aunque sepamos que se trata de una comunidad transitoria. La sensación de conexión es real.
Hay un concepto para esto: identidad social compartida. Por un momento, las diferencias cotidianas pasan a segundo plano permitiendo que emerja una categoría común: somos parte de la misma hinchada.
Uno de los primeros mecanismos que se observan es la disminución de las inhibiciones: fuera de los eventos colectivos, las personas suelen estar más reguladas por la mirada del otro, por eso, en general, no se animan a expresar la alegría con un grito de felicidad en medio de la calle cuando reciben una noticia que los alegra, ni tampoco se animan a llorar desconsoladamente en un transporte público por temor a lo que la mirada externa pueda devolverles. Porque la mirada del otro nos regula (y también nos limita), pero cuando compartimos una emoción intensa en el marco de un grupo, esa mirada condicionante se modifica permitiendo que aparezca el llanto, la euforia o el enojo con más facilidad. Cuando el Yo individual se fusiona en el Yo de la masa, parte de la responsabilidad individual se diluye en el cuerpo colectivo.
Un segundo mecanismo que también se observa con facilidad es la del contagio emocional. Las neuronas espejo nos ayudan a comprender parte del fenómeno ya que este tipo de neuronas se activan cuando realizamos una acción como cuando observamos a otra persona realizarla (por ejemplo, cuando bostezamos). Y lo mismo sucede con las emociones: cuando vemos a alguien expresar miedo o alegría, en nuestro cerebro se activan circuitos relacionados con esas mismas experiencias emocionales. No solo se identifican: se potencian. Por eso, lo que sentimos individualmente se multiplica cuando lo compartimos con otros.
El sentido de pertenencia
Los seres humanos somos criaturas sociales que necesitamos sentir que formamos parte de un grupo; se trata de una función psicológica esencial ya que nos brinda identidad, seguridad y sentido. Saber quiénes somos también implica saber a qué grupos pertenecemos. Por eso, cuando decimos "ganamos" o "perdimos", aunque no hayamos estado en la cancha, podemos expresar una identificación emocional con una comunidad.
Al mismo tiempo, se conoce que los rituales colectivos tienen un enorme poder psicológico. Reunirse para ver un partido, cantar una canción, usar la misma camiseta, entre muchos otros actos, genera cohesión social. Son rituales que reproducen una narrativa compartida: nos recuerdan que no estamos solos.
Queda una pregunta: ¿qué pasa cuando termine el Mundial? ¿Qué hacemos con esa necesidadde pertenecer cuando ya no tenemos que alentar más a nuestra Selección? Podemos pensar que, el desafío se encuentra en reconocer que aquello que nos emociona del Mundial no es solamente el resultado deportivo, sino la posibilidad de sentirnos parte de algo más grande. Algo que nos trasciende.
¿Qué necesidad humana aparece detrás de cada festejo colectivo? ¿Será la necesidad de encontrar un lugar entre otros? El Mundial modifica cómo sentimos y cómo lo expresamos. Porque además de unirnos detrás de una pelota, nos recuerda algo que preferimos no decir tan seguido: nadie quiere atravesar la vida completamente solo.
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Marina Mammoliti
Licenciada en Psicología, divulgadora científica, creadora del podcast Psicología al Desnudo y autora del libro Frená tu cabeza. En 2021 fundó Psi Mammoliti, una plataforma internacional de Psicología y Bienestar en la que más de 200 profesionales acompañan a miles de personas alrededor del mundo.