Comunidad

Desde el cerro

Rafael López Solis


Una mirada hacia atrás

Rafael López Solis
Torreón

Yo nací en un cerro. Sí, mi casa paterna estaba ubicada en la Calle Melodías, esa calle que empieza desde el Boulevard Independencia y termina al llegar a lo más alto del Cerro de la Cruz; calle que tiene entrada pero no salida y una parte de ella es peatonal, por las escalinatas hacia lo más alto. El famoso “Cerro de la Cruz” de mi querida ciudad de Torreón, Coahuila, México.

Siempre me gustó el nombre de la Calle: «Melodías». Según me contaban mis abuelos, así le pusieron, porque la mayoría de los que vivían en esa calle eran músicos, como mi papá Toño que tocaba el trombón de émbolos y mi papá Trino, que tocaba la guitarra. En esa calle tocaron las mejores orquestas y músicos de la ciudad. Músicos de don Beto Díaz o de don Prócoro Castañeda Casales originario de Cuencamé, Durango.

Mis dos abuelos vivieron de la música y así sacaron adelante a toda su familia; tocando de allá para acá. Había más músicos y cantantes, como mi tío Luis, que era mariachi, que aunque no era mi tío directo, así le decíamos por el cariño de mis papás hacia sus compadres.

La calle Melodías siempre ha estado llena de música y de ruidos. Hasta la fecha, después de haber dejado de vivir en esa calle hace 30 años, las pocas veces que tengo la oportunidad de visitar a mi madrina o mis tíos, sigo escuchando los mismos ruidos de mi infancia. Con cariño y a veces con un poco de nostalgia, recorro con mi mente las historias que viví en mi niñez y juventud.

¡Qué gusto escuchar en aquellos tiempos la música de mis abuelos! Uno con su trombón, practicando las últimas melodías que iba a tocar en la Banda Municipal, de la cuál terminó como copista y el papá de mi mamá, que deshacía la guitarra para cantar sus famosos boleros y coplas que inventaba para deleite de la familia, como la que le compuso a mi tío Tavo: “Oye Gustavo Solís (+)”.

Tuve la dicha de aprender a leer la música con el método de solfeó de don Hilarión Eslava (músico, compositor y sacerdote español), que con tanta paciencia me enseñó mi papá Toño. Después, mi mamá Juanita me compró en la Cimaco Centro mi primer teclado y junto con esa compra, se daba gratis por unos meses el método Electone de Yamaha. Pero yo quería ser músico, tocar otro instrumento, que hasta la fecha me sigue acompañando, mi saxofón alto.

¿Por qué llamar a esta columna «Desde el Cerro»? Porque a lo largo de la historia, en los cerros se han dado a conocer muchas historias: sagradas y paganas; civiles y militares. En lo alto de los cerros de nuestras ciudades contemplamos antenas, miradores, monumentos religiosos, civiles y militares, ¡hasta actos políticos! ¡Cuántas cosas se viven en lo alto de los cerros!

En Torreón, el cerro más famoso y conocido a nivel mundial es el Cerro de las Noas, donde Cristo Rey, con sus brazos abiertos, nos recibe a propios y extraños. Con orgullo decimos que es uno de los más altos y visitados del país y de Latinoamérica. Desde el Cerro de las Noas, se contemplan los atardeceres, para mi, más hermosos del mundo.

Nos leemos en 15 días, Desde el Cerro.


noticia escrita por
Rafael López Solis

Lagunero de nacimiento. Presbiterio católico desde hace casi 20 años. Maestro en Comunicación Organizacional por parte de la Universidad Lasalle Laguna. Director de Comunicación Social de la Di...

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