En abril se conmemora el Día de la Tierra y durante este mes, todos hablan de cuidar el planeta, pero losdiscursos deben convertirse en acciones permanentesen las cuales todos debemos participar: gobiernos, empresas, sociedad civil, academia y comunidades locales.
Un enfoque que ha tenido mucho éxito es el de la conservación ambiental y de la restauración de ecosistemas dañados.
Existen muchos ejemplos alrededor del mundo que nos muestran que cuando protegemos ciertos territorios, y cuando lo hacemos de la mano de comunidades locales, no sólo se puede reparar los daños, sino que la naturaleza demuestra su resiliencia y la vida regresa.
Un ejemplo exitoso es el de la mariposa monarca. Esta mariposa que nos visita cada año inicia su viaje de más de 4 mil kilómetros desde los bosques de Canadá hasta los bosques de México.
En 2013, su población invernal cayó a menos de 1 hectárea ocupada, lo que equivale aproximadamente a 14 millones de mariposas. El riesgo de colapso parecía inevitable.
Sin embargo, al fortalecer la protección de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca y frenar la tala ilegal, esa superficie superó las 6 hectáreas en 2018, es decir, más de 120 millones de mariposas. Casi 10 veces más.
Otro ejemplo, es el de la tortuga verde en las costas de Michoacán.
En los años ochenta, la sobreexplotación había llevado la especie al borde del colapso: de miles de hembras anidando, quedaban apenas unas 250.
El gobierno se comprometió a la protección de las playas de anidación, prohibió la captura y estableció campamentos de conservación y vigilancia permanente.
Décadas después, las cifras muestran una recuperación sostenida.
Un elemento clave de la conservación no es sólo enfocarse en la especie misma, sino en su ciclo de vida y en los territorios que necesitan para vivir. Por ello, la conservación muchas veces alcanza matices hemisféricos, porque las especies migratorias no conocen de fronteras.
Y en Nuevo León, ¿qué hacemos? Somos un estado muy rico en biodiversidad y nos visitan muchas especies migratorias, como lo hemos podido ver en el Río Santa Catarina en la última década.
Hoy existe una propuesta concreta para decretar nuevas áreas naturales protegidas en el estado, impulsada por el gobierno estatal, con sustento técnico de organizaciones como PRONATURA Noreste.
Entre los polígonos identificados destacan el Río Santa Catarina y la Sierra de Picachos: el primero, como corredor ecológico dentro del área metropolitana, clave para la regulación hídrica, la conectividad biológica y la resiliencia frente a eventos extremos.
El segundo, como uno de los sistemas mejor conservados del estado, con alto valor en biodiversidad y recarga de acuíferos.
Sólo nos falta un paso decisivo para dar a estas valiosas áreas una protección por medio de un decreto.
Podemos aplicar a escala local, algo que ya sabemos que funciona, y hacerlo a tiempo.
Los beneficios son muchos. Tan sólo para los humanos, mejorar las condiciones hídricas debería ser una motivación suficiente. Pero también proteger y conservar estas áreas tendrá enormes beneficios para todas las especies que las habitan y las visitan.
La protección de estas áreas y su conservación nos beneficiará a todos.
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Sandrine Molinard
Es licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por el Institut d’Études Politiques de Rennes, Francia y cuenta con una maestría en Geografía Urbana por la London School of Economics.
Ha trabajado en el gobierno del Estado de Nuevo León y en el TEC de Monterrey en temas de desarrollo urbano y planeación metropolitana.
Posteriormente formó parte durante 13 años del Consejo Cívico de Instituciones de Nuevo León, organización que dirigió durante 11 años.
Ha sido profesora de cátedra en la Universidad de Monterrey y en el Tecnológico de Monterrey, donde ha impartido cursos vinculados con gobernanza urbana, gestión pública y prospectiva territorial.