Política

El Apunte de Molinard

Sandrine Molinard


¿Podemos tenerlo todo? El costo invisible de ser mujer y profesional en México

Se espera que participen miles de mujeres en la Marcha del 8M en Monterrey. | Luis Guerra
Sandrine Molinard
Monterrey, Nuevo León

¿Es posible para las mujeres tenerlo todo: trabajo, familia y una vida equilibrada con espacio para la recreación y el crecimiento personal?

Cuando era niña, mis padres me aseguraron que sí; me motivaron a estudiar y a buscar el éxito profesional. Sin embargo, cuando nació mi hijo y asumí un puesto directivo, entendí que esas historias de éxito suelen tener un lado oscuro.

Una amiga me contó que renunció a una promoción por miedo a que afectara el tiempo que dedicaba a su hogar.

Historias como la suya confirman que muchas mujeres seguimos limitadas por obstáculos estructurales que nos obligan a elegir y priorizar, una encrucijada que aún no afecta de la misma forma a los hombres.

Sin duda, en los últimos años los derechos de las mujeres han avanzado, pero las desigualdades persisten. A nivel mundial, seguimos ganando, en promedio, un 20% menos que ellos.

En México, la brecha ronda entre el 12% y el 15%. Es decir: a pesar de tener la misma experiencia, formación y resultados, recibimos menos ingresos.

Pero no es sólo el salario; es todo lo que lo rodea. Las mujeres dedicamos más del doble de horas que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.

No hablo solo de bañar niños o cocinar, sino de la organización invisible de la vida: recordar vacunas, supervisar tareas, agendar citas médicas o asistir a cumpleaños.

Esa carga mental persiste, incluso en vacaciones. Es un desgaste que no aparece en las estadísticas, pero que pesa cuando llega una promoción que exige más tiempo, viajes o disponibilidad.

Muchas veces no es que no podamos, es que nos duele anticipadamente el sacrificio que implicará para nosotras y para nuestros hijos.

A la desigualdad salarial y la carga de cuidados se suma la culpa, derivada de estereotipos sociales persistentes.

Culpa por no estar suficiente tiempo en casa o por no tener la disponibilidad total de nuestros colegas varones.

Esa sensación de no ser "suficiente" en ningún frente no es una falla individual; es el reflejo de un cambio estructural que aún no termina de fraguar. Nos vendieron que podíamos tenerlo todo, pero omitieron decirnos a qué costo.

La igualdad real llegará cuando el sistema reconozca, redistribuya y valore el trabajo que históricamente hemos cargado: con guarderías accesibles que no consuman la mitad del sueldo, con empresas que valoren resultados y no horas-silla, y con una cultura donde el cuidado deje de ser responsabilidad exclusiva de las mujeres.

Ese cambio no llegará solo. 

Mientras tanto, muchas seguiremos marchando este 8 de marzo para reclamar que nuestros derechos se hagan, por fin, efectivos.

noticia escrita por
Sandrine Molinard

Es licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por el Institut d’Études Politiques de Rennes, Francia y cuenta con una maestría en Geografía Urbana por la London School of Economi...

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