Podrá parecer distante, podrá parecer que es un conflicto ajeno, pero la realidad es otra. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán —que ya entra a su quinta semana y atraviesa un momento particularmente delicado— comienza a impactar directamente nuestra vida cotidiana en México.
El primer efecto es claro: el aumento en los precios de los combustibles. El gobierno federal está recurriendo a subsidios para contener el alza en la gasolina y el diésel, intentando evitar un golpe inflacionario mayor. Pero esto tiene un costo significativo.
Es importante entender el origen. Esta crisis no es de nuestra manufactura, pero los costos de la decisión del presidente Donald Trump de escalar el conflicto con Irán los pagamos todos. El Estrecho de Ormuz, ubicado en la zona de tensión, es una arteria crítica del sistema energético global: por ahí transita cerca del 20% del petróleo mundial.
Aunque México no importa directamente crudo de esa región, nuestros combustibles están sujetos a precios internacionales. Es decir, cualquier disrupción en ese flujo impacta de inmediato el costo de la energía que consumimos. Usted podrá no verlo, pero para que la gasolina magna no se haya incrementado, el gobierno federal ha tenido que hacer sacrificios.
Esto se traduce en una reasignación silenciosa de recursos: miles de millones de pesos que podrían destinarse a programas sociales o infraestructura hoy se utilizan para amortiguar el precio de la gasolina. Es un mecanismo de contención, pero tiene un límite. ¿Cuántos meses pueda aguantar el gobierno? No es posible saberlo, pero el golpe en las arcas será duro.
Cuando la gasolina sube, el efecto en cadena es inevitable. El encarecimiento del combustible presiona los costos de transporte, y con ello, el precio de los alimentos y así en espiral. Aunque se han inyectado miles de millones de pesos, ya comenzamos a ver incrementos en productos básicos como el jitomate, la carne de res o la calabaza. Es decir, el conflicto en Medio Oriente empieza a sentirse en el mercado, en el bolsillo, en la vida diaria aquí, tan cerca como los mercados de la Cuauhtémoc.
A esto se suma un elemento adicional: el endurecimiento de las operaciones en el Estrecho de Ormuz, que restringe aún más el flujo energético global. Hace un par de horas, entró en vigor el bloqueo ordenado por Donald Trump en las aguas del Golfo Pérsico, en donde ahora estamos viviendo un escenario de conflicto que no se veía desde la crisis de los domicilios de Cuba allá por los 60 del siglo pasado. Esto anticipa un escenario de mayor presión sobre los precios y una prolongación del conflicto.
La conclusión es directa: lo que ocurre a miles de kilómetros no es ajeno. Está conectado. Y esa conexión implica que, si la escalada continúa, los efectos económicos en México no solo persistirán, sino que podrían intensificarse en los próximos meses. Del Golfo Pérsico al mercado y al bolsillo de los chilangos.
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Víctor Hugo Michel
Periodista de investigación y estudiante de seguridad nacional, he trabajado desde los 17 años en las redacciones de Milenio, Excélsior, Reforma y El Financiero Televisión, en donde fungí como director editorial. Escribí el libro Morir en Malasia en 2013 y he publicado reportajes en revistas como Nexos, Gatopardo y Esquire. Actualmente soy director de Información Nacional en Grupo Multimedios y conduzco el noticiero de las 22:00 horas los domingos en Milenio Televisión.