El estruendo de una ráfaga de balazos, que dejó a los vecinos de la junta auxiliar de Ignacio Romero Vargas atemorizados, también cobró la vida de un hombre, en un presunto caso de ataque directo en Puebla.
Lo que inicialmente se pensó que era un asalto violento, pronto se reveló como una escena de una saña, un hombre joven, cuya identidad nadie pudo reconocer, yacía sin vida sobre el asfalto, marcado por seis impactos de bala que sugieren una ejecución meticulosamente planeada para no dejar margen de supervivencia.
Vecinos alertaron a la autoridad al escuchar las detonaciones
Los hechos se registraron durante la noche del martes 7 de abril, cuando los residentes de la zona alertaron a los números de emergencia tras escuchar múltiples detonaciones de arma de fuego en la vía pública.
Minutos después, un segundo reporte ciudadano fue más específico y aterrador: un hombre se encontraba herido y sangrando profusamente en la calle Privada Tabasco, a la altura del Camino Nacional.
Al arribar al sitio, agentes de la Policía Municipal se toparon con el cuerpo inmóvil de la víctima.
Tras la revisión de los paramédicos, se confirmó que el hombre ya no presentaba signos vitales, lo que obligó a las autoridades a acordonar de inmediato la zona para resguardar la escena del crimen.
Aunque entre los grupos vecinales circulaba la versión de que se trataba de un robo que salió mal, el silencio de los testigos sobre posibles sospechosos o vehículos en fuga empezó a teñir el caso de una sospecha más oscura.
Esto es lo que se sabe sobre le posible ajuste de cuentas en Puebla
La llegada de los peritos y agentes de investigación de la Fiscalía General del Estado (FGE) reveló la verdadera brutalidad del ataque.
En el lugar se recolectaron seis indicios balísticos, los cuales coincidían exactamente con las heridas encontradas en el cadáver: el victimario no erró ni un solo tiro.
La distribución de los disparos fue devastadora; el occiso presentaba dos impactos directamente en el rostro, dos en la región escapular, uno en la zona lumbar y otro más en la rodilla izquierda.
A pesar de la violencia del acto, el hombre, de una edad estimada entre los 30 y 35 años, no pudo ser identificado por ninguno de los presentes, convirtiéndose en un "desconocido" para la justicia en el momento del levantamiento.
Debido a la precisión y la saña empleada, especialmente los disparos al rostro, la principal línea de investigación de la FGE apunta ahora a un ataque directo o ajuste de cuentas, descartando preliminarmente el móvil del robo y centrando los esfuerzos en descubrir quién era el hombre que murió en total anonimato bajo una lluvia de balas.
ERV