Durante la madrugada de este martes, delincuentes ingresaron a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en la colonia La Calera, dentro del municipio de Tlajomulco de Zúñiga, y consumaron un cuantioso atraco al sustraer aproximadamente 293,000 pesos en efectivo, una suma que correspondía al ahorro de limosnas, ofrendas y cooperaciones de la comunidad.
El atraco ocurrió en el complejo religioso situado en el cruce de las calles Deportiva y Álvaro Obregón, sobre la carretera a Chapala y en las inmediaciones del poblado de Cajititlán, Jalisco.
¿Cómo habría ocurrido el robo en la parroquia de Tlajomulco?
De acuerdo con el reporte policial, los ladrones forzaron los accesos de la sacristía y registraron las instalaciones mientras el párroco del templo, José Reyes Lugo Lara, se encontraba descansando en su habitación a unos cuantos metros de distancia.
El propio sacerdote relató en una transmisión en vivo para Canal 6 que una extraña sensación lo despertó en medio de la noche, lo que lo llevó a revisar el lugar:
"Sentí una como una ansiedad, corazonada, no sé cómo se dice, y voy bien, voy a salir, ah, caramba, dije, ay, ya me visitaron. Y todo traqueado, los cuartos, la alacena acá abajo, todo".
A pesar de que los criminales operaron muy cerca de sus habitaciones, el párroco no sufrió ninguna agresión física.
El botín, según confirmó el propio afectado, ascendía con exactitud a 293,000 pesos, recursos que la comunidad parroquial planeaba destinar a mejoras y mantenimiento de la infraestructura del templo. Ante la pérdida, el padre Lugo Lara externó su dolor por el origen de los fondos:
"Del pueblo de Dios, su limosna, sus ofrendas, sus ayudas".
Al sitio arribaron elementos policiales y peritos para iniciar las indagatorias correspondientes, levantar los indicios y realizar el trabajo de campo pertinente. Al ser cuestionado sobre la falta de valores y el panorama de la delincuencia que se vive actualmente en la zona, el sacerdote simplemente reflexionó:
"Ya ves cómo estamos, no estamos bien, ¿verdad?".
Finalmente, al hablar sobre los responsables y el destino que tendrán tras haber robado un recinto sagrado, el párroco mostró una postura de compasión cristiana y dejó el desenlace en manos de la justicia divina:
"De mi parte no hay problema, porque ya qué, ¿verdad? Pero Dios se encargue del resto".
LG