El sarampión es una enfermedad viral muy contagiosa que se propaga con facilidad cuando una persona infectada respira, tose o estornuda y puede causar síntomas graves, complicaciones e incluso la muerte.
Cualquier persona no inmune, ya sea porque no se ha vacunado o porque no desarrolló inmunidad tras vacunarse, puede infectarse por el virus del sarampión, y aunque suele ser más frecuente en los niños, puede afectar a personas de cualquier edad.
Los grupos que corren riesgo de sufrir complicaciones graves son los niños pequeños no vacunados y las mujeres embarazadas. Contraer el sarampión durante el embarazo puede ser peligroso para la madre y provocar partos prematuros y bajo peso al nacer.
Esta enfermedad también debilita el sistema inmunitario y puede hacer que el organismo pierda parte de su capacidad de defenderse frente a infecciones, lo que deja a los niños en una situación de extrema vulnerabilidad.
¿Cómo se contagia el sarampión?
El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas que se transmite por contacto con secreciones nasales o faríngeas infectadas, a través de la tos o de estornudos, y también al respirar el mismo aire que una persona infectada.
El virus presente en el aire o en superficies contaminadas sigue siendo activo y conserva su capacidad infecciosa hasta por dos horas. Por esta razón, es muy infeccioso; una persona infectada puede originar hasta 18 infecciones secundarias.
¿Cómo puedo protegerme del sarampión?
Vacunarse es la mejor forma de evitar contraer el virus del sarampión o contagiar a otras personas, así que debes asegurarte de contar con el esquema de vacunación completo de acuerdo a tu edad.
En caso de que la vacunación haya sido reciente, es importante considerar que el efecto protector de la vacuna toma al menos dos semanas.
La inoculación es la única forma de prevenir el sarampión, ya que no existe un tratamiento específico para combatirlo; sin embargo, la atención debe centrarse en aliviar los síntomas, dar confort a la persona afectada y prevenir complicaciones.
Se recomienda que la persona infectada beba suficiente agua y emplee tratamientos para la deshidratación, y así compensar la pérdida de líquidos causada por la diarrea y los vómitos; aunado a esto, también es importante mantener una alimentación sana.
En algunas ocasiones, los médicos pueden recetar antibióticos para tratar la neumonía y las infecciones de oídos y ojos.
Todas las personas con sarampión, tanto niños como adultos, deben recibir dos dosis de suplementos de vitamina A, con un intervalo de 24 horas entre ambas, para restaurar los niveles bajos de esta vitamina, incluso en los niños bien alimentados.
Además, esta suplementación puede ayudar a prevenir las lesiones oculares y la ceguera y a reducir la mortalidad por sarampión.
JGBM