En un contexto de emergencia climática donde las temperaturas urbanas alcanzan niveles críticos, la ciencia ha identificado a cinco aliados fundamentales para la supervivencia en las metrópolis.
Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y el Instituto Interuniversitario de Investigación del Sistema Tierra en Andalucía han demostrado que existen especies de arboles que pueden reducir la temperatura media en las ciudades en unos 2 °C, alcanzando picos de enfriamiento de hasta 3,5 °C bajo su copa.
Este hallazgo, enmarcado en el proyecto Biocitrees, no solo es un dato botánico, sino una herramienta política y social para rediseñar entornos urbanos más saludables. La investigación subraya que la vegetación es clave para mejorar la salud humana y la biodiversidad, actuando como un escudo sostenible frente al calentamiento global.
Ciencia para mitigar la isla de calor urbana
El fenómeno de la isla de calor urbana dispara los termómetros en verano, convirtiendo el asfalto en un peligro para la salud pública. Para combatir este efecto, el equipo científico monitorizó 19 especies diferentes mediante sensores colocados bajo sus copas entre 2024 y 2026, midiendo el confort térmico en escenarios reales como el parque Federico García Lorca en Granada.
La importancia de este estudio radica en su capacidad de comparación. Los científicos contrastaron estos datos con registros de zonas sin vegetación. Según la investigadora Nuria Pistón:
"Este enfoque permite cuantificar con precisión los servicios ecosistémicos de regulación climática que cada árbol aporta a su entorno inmediato".
Cinco especies de árboles para combatir el cambio climático
No todos los árboles ofrecen el mismo alivio térmico. La selección de los cinco "aliados" más importantes son los olivos, fresnos, nísperos, plataneros y naranjos.
Esto se debe a que fueron probados en ciudades que, como Granada, superan habitualmente los 40 grados en época estival y sus resultados fueron los más eficaces. La correcta gestión de estos espacios verdes se vuelve vital para aminorar los efectos del calor extremo.
Además de la temperatura, estos árboles cumplen funciones críticas para el ecosistema urbano. Actúan como sumideros de contaminantes y son esenciales para mantener las poblaciones de insectos, asegurando que la infraestructura verde sea resiliente y funcional a largo plazo.
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Planificación urbana y equidad: El modelo de mosaico verde
La investigación introduce una postura política clara: la infraestructura verde debe ser un derecho y no un lujo arquitectónico. El equipo cartografió "puntos críticos" donde la exposición térmica coincide con una elevada vulnerabilidad social, específicamente en barrios con bajos ingresos y alta población mayor de 65 años, como el Zaidín, la Chana, la zona centro y el norte de Armilla.
Para revertir esta desigualdad, el catedrático Regino Zamora señala que la clave no es solo plantar más, sino plantar mejor. Los investigadores señalaron que:
"La configuración espacial de las zonas verdes en el interior de la ciudad es tan importante como su tamaño".
Los resultados sugieren que una distribución en mosaico (espacios verdes pequeños pero interconectados) es más efectiva para reducir el calor que una gran masa forestal aislada, garantizando así una infraestructura más equitativa para toda la población.