El tamaño reducido de los brazos del Tyrannosaurus rex ha sido durante años uno de los mayores enigmas sobre la evolución de los dinosaurios carnívoros. Ahora, una investigación realizada por especialistas británicos aportó nueva evidencia que respalda una de las teorías más discutidas: conforme estos depredadores evolucionaron, comenzaron a depender más de la fuerza de sus mandíbulas y menos de sus extremidades delanteras.
El estudio fue encabezado por investigadores de la University College London y la Universidad de Cambridge, y sus resultados fueron publicados en la revista Proceedings of the Royal Society. La investigación analizó información anatómica de 85 especies de dinosaurios terópodos, un grupo de depredadores bípedos al que pertenecieron algunos de los cazadores más dominantes de la era prehistórica.
Los resultados mostraron que el acortamiento de los brazos no ocurrió una sola vez dentro de la evolución de los dinosaurios, sino que apareció de forma independiente en distintos grupos como los tiranosaurios, abelisaurios, carcarodontosaurios, megalosaurios y ceratosaurios.
El equipo de especialistas identificó una coincidencia importante: las especies con cráneos más resistentes y mandíbulas más poderosas tendían a presentar brazos mucho más pequeños.
Así se llevo a cabo la investigación sobre la evolución de los dinosaurios
Para llegar a esta conclusión, los investigadores desarrollaron un método que permitió evaluar la resistencia del cráneo tomando en cuenta factores como la forma de la cabeza, la unión de huesos y estimaciones sobre la fuerza de mordida.
Dentro del análisis, el Tyrannosaurus rex ocupó el primer lugar en resistencia craneal. Detrás apareció el Tyrannotitan, un enorme depredador que habitó lo que hoy es Argentina más de 30 millones de años antes que el T. rex.
El patrón también fue identificado en otras especies como el Majungasaurus, originario de Madagascar, lo que fortaleció la hipótesis sobre una tendencia evolutiva compartida.
Charlie Scherer, autor principal del estudio y estudiante de doctorado en la UCL, explicó que atacar grandes presas mediante la fuerza de la mandíbula resultaba más eficiente que depender de garras delanteras.
Según el especialista, conforme avanzó la evolución, la cabeza sustituyó gradualmente a los brazos como principal herramienta de ataque.
La investigación ofrece nuevas pistas sobre la transformación anatómica de algunos de los depredadores más emblemáticos de la historia y abre nuevas preguntas sobre cómo la evolución modificó las estrategias de caza de los dinosaurios a lo largo de millones de años.
dcaa